Tipos de personalidades en relación con la comida.

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  1. La primera es el clásico ejemplo de la persona que se la vive a dieta; con reglas, normas, estructuras y control absoluto alrededor de la comida. Estas reglas o normas, no necesariamente son ciertas, pueden venir de una figura de autoridad en el tema como un nutriólogo o un doctor o también de creencias limitantes que hayamos adquirido a lo largo de nuestra vida. Todos tenemos creencias limitantes alrededor de la comida que vienen a veces de la gente que nos educó o con la que convivimos y crecimos. Por ejemplo si tuviste una mamá que constantemente luchó o batalló con el peso, una de tus creencias limitantes puede ser que únicamente con fuerza de voluntad y “comiendo lechuga” puedes alcanzar y mantener un peso saludable. También puede ser que tengas una creencia limitante alrededor de la comida basada en algo que te dijo un nutriólogo hace años, que podría ser: “comer huevo es malo”. No sé si te acuerdes pero hace alrededor de 15 años teníamos el huevo satanizado porque era uno de los alimentos que según los estudios elevan el colesterol, sin embargo, hoy en día sabemos que comer huevo no es “malo”. Lo que quiero hacerte ver es que todos tenemos creencias limitantes alrededor de la comida ya sea porque alguien nos las enseñó o porque nosotros mismos las fuimos integrando en nuestra mente sin que necesariamente sean leyes científicas. Quiero recordarte que nutrición es una ciencia y como ciencia se apega al método científico. Cualquier cosa que no es comprobable, no se puede replicar y convertir en teoría, para luego ser una ley, no es ciencia. En nutrición hay muchas cosas que pueden parecer contradictorias porque se pueden comprobar mediante el método científico positiva o negativamente. Si, así de raro como se lee, puedes comprobar que la leche es mala y al mismo tiempo puedes comprobar que es buena. ¿Por qué? Porque depende 100% de para quien es buena o mala, nutrición no es una ciencia absoluta, sino una ciencia bioindividual. Lo que es bueno para mi, puede no ser bueno para ti y viceversa. Así que todas estas creencias limitantes alrededor de no son ciencia, más bien son experiencias personales o condicionamientos que tenemos sobre la comida.

Este tipo de persona, que vive haciendo dietas, siguiendo normas y reglas. En el fondo tienen mucho miedo de no mantener un peso saludable, ya sea que la persona tenga sobrepeso y quiera llegar a un peso saludable y el miedo sea no lograrlo o por el contrario, que ya haya alcanzado un peso saludable y el miedo sea el regresar al peso de inicio. Esta persona vive en una cárcel mental de miedo hacia la imagen corporal y en una relación de codependencia con la comida. Ninguna relación de codependencia es sana y mucho menos ninguna relación que se basa en el miedo y no en el amor nos va a dar salud física y emocional.

Como nutrióloga clínica, no digo que esté mal saberte algunas de las cosas básicas sobre nutrición como cantidad de micro y macro nutrimentos que necesitas de acuerdo a tu edad, sexo, estatura, estado fisiológico etc. o la cantidad de frutas y verduras que debes de consumir al día junto con los litros agua necesarios para estar saludable, sin embargo cuando empiezas a pesar y medir meticulosamente obsesionándote con el conteo de calorías que consumiste al final del día, estás en un extremo del péndulo.

2. El segundo tipo de persona, es la que por el contrario de la que se la vive a dieta, está en el extremo opuesto del péndulo, la persona que come compulsivamente o emocionalmente. Puede ser que ya haya pasado tantos años haciendo dieta y cuidando cada alimento que entra en su boca, que ha hecho tantas dietas restrictivas con mucho sobre esfuerzo y todavía no ha llegado a su peso ideal, o también que haya llegado a este peso “soñado” y fue con con tanto trabajo y sufrimiento, que ahora lo único que quiere es comer cualquier cosa que estuvo prohibida por tantos meses o hasta años. Generalmente estas personas sufren atracones. Un atracón es la ingesta de grandes cantidades de comida en periodos cortos de tiempo, esa es la definición correcta de atracón, y no sólo de alimentos que creemos prohibidos o malos como galletas, donas, etc.,si no que puede haber atracones de comida saludable. Es importante ver que no necesariamente un atracón es con comida “chatarra”. Lo que intentan estas personas es darle un respiro a todo este tiempo que invirtieron en una dieta restrictiva.

Otro tipo de persona que también entra en esta personalidad dos, es el caso de las personas que nunca han estado en una dieta restrictiva y no les preocupe en sí tener sobrepeso, sin embargo, usan la comida para llenar vacíos, como una droga o sustancia que anestesia para no sentir emociones que muchas veces como seres humanos nos sobrepasan. Sin embargo nunca vamos a llenar un vacío emocional con comida. Si comerte un pastel completo o una bolsa entera de galletas resolviera tu problema de tristeza, de abandono, de rechazo, de injusticia, créeme que sería la primera persona que te diría comete el pastel. Pero esto es como querer curar una enfermedad con la medicina incorrecta. Cuando tenemos hambre del corazón hablando metafóricamente del hambre emocional, lo que tenemos que hacer es buscar la manera de poder llevar los sentimientos a la superficie de una forma contenida y trabajar las emociones negativas transmutándolas en experiencias positivas. Usar lo que hemos vivido como herramienta para ser una mejor versión de nosotros mismos. Es arrancar la mala hierba de raíz y no tratar de minimizar el efecto de sentirme solo, vacío, triste, angustiado, estresado, usando a la comida como paliativo. La comida es la droga socialmente más aceptada y la adicción a la comida es una de las adicciones menos identificada por los seres humanos. Puedo asegurar que todos tuvimos una mamá, papá, tío , abuela o amigo que cuando nos sentíamos mal emocionalmente o nos caíamos y nos dolía algo físico, nos decían: “ven, te voy a dar un dulce o vamos por un helado”. Este ejemplo te lo doy para que entiendas la importancia que tiene la comida alrededor de las emociones y cómo desde chiquitos, sin darnos cuenta, creamos un vínculo emocional a través de la comida y creemos que la comida es la solución mágica que va a quitar nuestro sentimiento de vacío o por lo menos va a disminuir su intensidad, sin embargo no es así, lo que te hizo sentir bien cuando te caíste o tuviste un mal día y alguien te dio un dulce o te llevó por un helado, no fue la comida como tal, sino el gesto de la persona que te estaba poniendo atención en ese momento, el cariño que se expresa cuando sientes que a alguien le importa lo que te está pasando. Los procesos mentales son complejos, lo único que registró en ese momento tu cerebro es: “me siento mal y tuve algo externo que vamos a llamar en este caso helado, y me sentí mejor”. Lo que realmente paso es que subieron tus niveles de dopamina, tanto por la atención que tuvo en ti alguien externo, como por el helado en sí, que al ser algo con azúcar, la cual es una de las sustancias que tiene el efecto de subir más rápidamente los niveles de dopamina en el cerebro, por lo tanto crees que la comida te puede dar un poco de felicidad o por lo menos quitar el malestar emocional o la tristeza que estás sintiendo en ese momento.

Como puedes ver, este lado del péndulo es el extremo opuesto a vivir a dieta y contando calorías, pero es igual de aprisionante y doloroso que el otro. Y puedo decirte con certeza que además, este tiene un círculo vicioso que si no logras identificar y aceptar es casi imposible que lo conviertas en un círculo virtuoso. Este círculo vicioso es: 1)tengo una emoción negativa que no sé cómo manejar en este momento 2) por lo tanto ingiero, generalmente comida rica en azúcar o hidratos de carbono que es el tipo de comida que hace que tus niveles de dopamina se disparen más rápido, 3)para luego sentir una culpa terrible por haber roto la dieta y que todo el esfuerzo que lleva haciendo durante días, semanas o meses se vaya a la basura. 4)Como te sientes culpable tratas de compensar, siempre que nos sentimos culpables (cuando entra la culpa como factor en una ecuación) lo que tratamos es de compensar, y aquí es donde puedes caer en el círculo vicioso de 5) empezar de nuevo una dieta restrictiva por la culpa de haber comido cierto alimento o tener un atracón concierto grupo de alimentos. 6)Esta dieta restrictiva la vas a poder mantener por solo un periodo de tiempo a corto o mediano plazo, porque al fin y al cabo, nunca le vas a ganar a tu instinto de supervivencia que es comer, con la fuerza de voluntad que es como si fuera un músculo que en algún momento tiene que descansar porque perdió la fuerza. Notas como esto se vuelve algo súper tóxico y generalmente los seres humanos estamos penduleando entre estos 2 extremos: entre la dieta restrictiva y entre el comer de forma compulsiva o emocional.

3. Sin embargo, está el tercer tipo de persona y la ideal que está justo en medio del péndulo, la persona que come intuitivamente. Este grupo de personas incluye a las que pueden sentir fisiológicamente sus señales de hambre y de saciedad. Son este grupo de personas que nunca se han preocupado si una manzana tiene 56kcal o si es mejor comer la fruta en la mañana o en la noche, o si los edamames entran en el grupo de leguminosas o de hidratos de carbono. Generalmente las personas del grupo tres nunca han batallado con el peso, siempre han mantenido un peso estable, puede ser que uno o dos kg arriba o abajo dependiendo si salen de viaje, si es su cumpleaños y tuvieron muchos festejos, o también si es invierno o verano ya que el peso dependiendo de la estación también varia ej: en invierno hace más frío, por lo que el cuerpo tiende a preferir alimentos más calóricos para elevar los depósitos de grasa en el cuerpo y contra restar el frío. Pero estas personas generalmente regresan a un peso base y de ahí no se mueven prácticamente en toda su vida. Este grupo de personas no están obsesionadas con la comida. No les preocupa tener eventos sociales en donde les van a dar comida que no puedan controlar. No les importa si ya va a ser la hora de la comida o de la cena y si van a tener acceso alimentos a esa hora. Ellos comen cuando tienen hambre y dejan de comer cuando están satisfechos sea la hora del día que sea.

Aquí les voy a poner un ejemplo que como nutrióloga me llamó mucho la atención y es una anécdota real de antes y después de la pandemia, y creo que esta historia vale la pena contarla para que sirva como referencia de como los seres humanos tendemos a justificar todo. Antes de la pandemia, la excusa número uno de los pacientes era: “no hice la dieta porque tuve fiesta infantil con uno de mis hijos, la boda de mi mejor amigo, el cumpleaños 40 del tío de mi jefe, me invitó un nuevo galán a cenar, salí con mis amigos de la universidad, tuve un reencuentro con mis amigos de primaria, etc., como ves siempre la excusa era algo social en la cual no tuvieron la fuerza de voluntad  para seguir su dieta y por motivos sociales tuvieron que romperla. Muchos de estos mismos pacientes durante la pandemia, en donde no había eventos sociales, no teníamos el pretexto de: me invitaron a comer a casa de la abuelita de mi mejor amiga y solo había pasta y pollo empanizado de comer. Durante la pandemia todos tuvimos la libertad se comer en nuestras casas y el tiempo necesario para hacernos de comer lo que quisiéramos. La falta de tiempo para preparar los alimentos de la dieta es otro de los pretextos usados por los pacientes. Ojo, no estoy criticando, yo también tengo rachas en las que siento que el tiempo va en mi contra y no tengo tiempo de nada y menos de cocinar, solo quiero exponer como la mente justifica siempre, con o sin eventos sociales, con o sin tiempo. No podíamos salir, no había eventos sociales y si había tiempo, y estos mismos pacientes entonces me decían que ahora el problema no era que tuvieran tentaciones en las comidas sociales sino, que ahora, no podían dejar de comer porque como estaban encerrados, la comida les ayudaba a quitar la ansiedad, el aburrimiento, el miedo, la soledad. Cuento esta historia porque me parece que los seres humanos siempre tenemos un pretexto o justificación para no hacer las cosas, pero realmente el éxito es cuando dejamos de ponernos pretextos y analizamos como podemos llegar a nuestros objetivos poniendo estrategias y métodos prácticos. El problema durante la pandemia nunca fue la tentación de la comida en los eventos sociales o la falta de tiempo para prepara la comida, sino simplemente el querer comer para llenar un vacío emocional.

El tipo de persona número tres no siente esta necesidad de llenar vacíos a través de la comida. Tienen la gran bendición de saber que la comida es la gasolina que le sirve al cuerpo para funcionar. No es que estas personas no disfruten la comida, no son extraterrestres que no tengan comidas preferidas o que el día de su cumpleaños no quieran festejar en algún restaurante en particular porque les gusta mucho “x” comida. Simplemente comen para vivir y no viven para comer.

Se que suena casi imposible pero justo el equilibrio, el no estar dando bandazos de dieta restrictiva a comer de forma compulsiva, está en el grupo de persona tres: las que saben que la comida es necesaria para el bienestar general y para que el cuerpo funcione de forma óptima, pero no le  dan un valor emocional o una conexión más allá de lo que es realmente la comida.

Quiero cerrar diciendo que no existe una persona que únicamente sea del tipo uno, del tipo dos o del tipo tres, más bien todos tenemos de todos los tipos de personalidades en mayor o menor porcentaje en relación a la comida. El punto aquí es que no quieres estar en ninguno de los dos extremos del péndulo (persona uno y dos), más bien quieres estar en el centro (persona tres). Claro que quieres salir y disfrutar una buena comida con tus amigos o seres queridos sin sentir culpa, también es cierto que no te quieres vivir la vida contando calorías y comiendo lechuga, pero tal vez piensas que si no haces cosas drásticas o dietas extremas y cambios radicales en tu alimentación nunca vas a alcanzar tu objetivo de tener y mantener un peso saludable.

Y todo esto puede ser que no te suene fácil o razonable, puede ser que te de miedo soltar el control, que prefieras seguir penduleando de extremo a extremo del péndulo porque al final del día, ese penduleo es algo que ya conoces, es tu zona segura. Pero acuérdate que sí se puede lograr este equilibrio que es más saludable física y emocionalmente y el primer paso para lograrlo es darte cuenta de que existen este estos tres tipos de personalidades alrededor de la comida e identificar cuál es el que tienes tú más predominante y a través de una alimentación consciente, con la ayuda de las herramientas que te da el comer con atención plena puedas llegar a tener un equilibrio entre las personalidades alrededor de la alimentación.

Te deseo que puedas balancearte el mayor tiempo de tu vida posible en la persona número tres, es decir en el centro del péndulo. Acuérdate que el péndulo nunca va a estar estático, en el momento que ya no oscile entre un lado y el otro, literal es que ya estás muerto. La vida se trata de eso, de adaptarnos a los cambios pero sin ir de un extremo al otro con gran fuerza y velocidad, además de no ser saludable porque el efecto yo-yo en las dietas (subir y bajar drásticamente de peso hoy en día sabemos que es mucho más nocivo que mantener un poco de sobrepeso sin estar subiendo y bajando constantemente), tampoco es sano a nivel psicológico ya que le estás dando mucha fuerza y energía algo que tiene que ser natural, la alimentación y la nutrición son un vínculo de amor no de  restricción.

Esta idea que para muchos parece utópica de alimentarte de una forma intuitiva es realmente una liberación, y como todo en la vida necesitas constancia y disciplina para lograr llegar a tener una alimentación consciente y con atención plena. Acuérdate que vas a desayunar comer y cenar todos los días de tu vida de hoy a que te mueras. La relación más larga que vas a tener es con la comida, tus amigos, tus papás, tus hijos, tu pareja, tus hermanos, tus familiares, todos pueden ir y venir, entrar y salir de tu vida pero la relación personal que tienes con la comida es la única que te va a acompañar el resto de tu vida, es como la frase: “nacemos y morimos solos” yo le cambiaría “nacemos y morimos con nuestra relación alrededor de la comida”. Siendo una relación tan importante ¿por qué no sanarla desde hoy?

He visto a muchísimas personas a lo largo de 20 años de práctica profesional en consulta privada y una de las cosas que me pone más triste es ver a gente que está entrando a los 75 casi 80 años de su vida y siguen luchando con el tema de la comida, con este círculo vicioso de restricción y atracón, de no poder tener un balance, de no tener una relación sana con los alimentos. Si piensas que esto es pasajero, quiero decirte que lo único que estás haciendo es metiendo el problema debajo del tapete o tapando el sol con un dedo, pero ahí va a seguir estando el problema. Como mencionaba antes, lo primero es identificar que existen estos tres tipos de personalidades, identificar cuál es el que predomina en ti y tener la intención firme y absoluta de alcanzar tu meta que es sanar tu relación con la comida y con tu imagen corporal a través de las herramientas usadas para tener una alimentación consciente y con atención plena.